Crisis existencial de una estrella fugaz

A menudo, cuando veo películas de ciencia ficción o leo artículos de ciencia, astronomía, etc., me planteo cuán solos estaremos en este universo, descartando la posibilidad de que seamos los únicos habitantes de la galaxia, por supuesto.


A veces, cuando camino por el paseo de mi preciosa playa durante la noche y alzo la vista hacia las constelaciones, me es inevitable sentir cuán pequeña soy ante el resto del mundo. Ante el resto de la existencia de la realidad que vivimos.

Sin entrar en más detalles, ¿alguna vez os habéis sentido tan diminutos que os cuestionáis vuestra mera existencia? Es decir, somos imperceptibles granos de arena en un inmenso desierto. Gotitas de agua nadando a través del infinito océano que envuelve a nuestro planeta. Cuando esa pregunta comienza a rondar por nuestra cabeza, nos sentimos solos, perdidos, simples sujetos banales, que viven el día a día sin un claro objetivo o luchando por algo que parece inalcanzable. Nuestros sueños, que parecían increíblemente gigantes y emocionantes, se reducen a pequeñas cenizas esparcidas por el aire incapaces de ser atrapadas, como si jamás fuésemos a lograrlos.

Bajamos del cielo para pisar tierra y lo único que hacemos es hundirnos en ella.

Por ejemplo, las profesiones artísticas suelen hacernos sentir de esta manera tan desoladora y, de hecho, muy constantemente debido a que soñamos a lo grande. O intentamos hacerlo. Nos implicamos con toda nuestra alma y fe, y cuando tocamos hondo o algún desafortunado suceso nos hace plantearnos qué diablos estamos haciendo con nuestras vidas, la crisis existencial nace.


Se convierte en algo latente dentro de nuestros pensamientos. Algo que arrasa con nuestra felicidad efímera.


Comenzamos a cuestionarnos a dónde llegaremos, qué queremos conseguir y cómo lo conseguiremos, y si no lo logramos, qué haremos para seguir adelante con el corazón partido. De repente, sentimos como si hubiésemos abierto los ojos y nos percatamos de nuestra edad y de los inconvenientes que puede acarrear tener o estar a falta de ciertos años para seguir soñando o persiguiendo ciertos proyectos. Nuestra visión se vuelve cerrada, angosta y oscura.

Todo se va tornando poco a poco en un azabache envolvente.


Y, aunque parezca que ahora mismo estamos cayendo en picado con todo lo mencionado anteriormente, la pregunta inicial era: ¿para qué vivo? ¿qué significado tiene mi existencia?


Muchísimas personas viven en un entorno pacífico, estudian cómodamente o tienen un trabajo estable, están rodeados de una familia estupenda, comparten su vida con la persona que más quieren... En fin, una vida tranquila y cómoda, con sus altibajos y sus resoluciones. Sin embargo, no encuentran respuesta al significado de su existencia. Pasan horas y horas trabajando en una oficina y eso no les disgusta porque a final de mes cobran un buen salario, pero olvidan trabajar en lo que de verdad importa: ellos mismos.


¿Por qué?

Trabajar en uno mismo es visualizar, amarse y quererse, soñar, idear, fantasear... Trabajar en uno mismo es no sentirse insignificante ante el vacío de un cielo nocturno porque para él mismo lo es todo. ¿Y qué si solos somos granitos de arena? Somos un granito más y estamos aquí para vivir, para compartir y para amar. No sólo a seres vivos, sino amar también ideas, acciones, proyectos y todo aquello que nuestra mera existencia nos puede aportar. Entonces, me pregunto:

"¿Qué es vivir?"

Y la única respuesta que consigo es: sentir.

Dejo de sentirme insignificante cuando siento. Cuando me emociono. Cuando escribo para emocionar a los demás. Cuando siento felicidad, rabia, incertidumbre, impaciencia o tranquilidad. Cuando miro hacia abajo y veo mis pies sobre el suelo percatándome de cuán real soy en este mundo por muy pequeña que pueda llegar a ser. Cuando quiero y cuando me quieren. Cuando río y cuando lloro.

Y para vosotros, ¿qué es vivir?

"Al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años"

-Abraham Lincoln-



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